El espacio de Alba Llanes
  Iba escribiendo
 

Iba escribiendo.

 

Iba escribiendo sus cuentos lentamente, como paladeando con delectación el vino añejo. Cada palabra, escrita con aquella caligrafía suya tan elegante, parecía un diamante engarzado en la joya del relato. Tan preciados eran, para él, esos relatos, nacidos de las entrañas de su alma, que los iba guardando ordenadamente en la caja fuerte ubicada detrás del estante que guardaba, a su vez, los libros viejos. Sus cuentos eran demasiado preciosos para ser publicados. Ojos y mentes extrañas no podían profanarlos. Sólo eran para él, y  él los leía y releía con la misma delectación con que los había escrito.

El día de su muerte llegó. Los cuentos, ahogados en la oscuridad de la bóveda, fueron consumiéndose de hastío, de desuso, de falta de lectura. Años más tarde, uno de sus nietos, curioso, hurgando en el estante de los viejos libros, encontró la caja fuerte. Después de gran esfuerzo, logró abrirla. Descubrió innumerables cuadernos, cuidadosamente clasificados, ordenados. Se notaba que habían sido usados. Fue abriendo uno a uno… Nada… Sólo encontró una sucesión de mustias páginas en blanco.

            Alba Llanes, Rancho Cucamonga, California, 2006
                           Publicado en
www.yoescribo.com

 
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