El espacio de Alba Llanes
  Tiempos peligrosos
 


Cristianos en tiempos peligrosos, dentro de un mundo peligroso.


     
Juan 17:15-19: 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

           

1. Un mundo peligroso.

 

Como cristianos, vivimos en un mundo peligroso, porque el mismo está sometido el gobierno de Satanás, a quien la Biblia llama “el príncipe de este mundo”. El ha organizado su reino, “la potestad de las tinieblas” (Colosenses 1:13), sobre principios opuestos a Dios. Hace conocer y obedecer esos principios a través de los demonios, que son “espíritus engañadores”, y de hombres y mujeres rebeldes a Dios que conscientes o inconscientemente se convierten en portavoces del diablo. De este modo, mantiene el control sobre los incrédulos, al enceguecer el entendimiento de estos, para que no crean a la verdad de Dios (2 Corintios 4:4).

      2. Una época peligrosa.
 

 

Desde que Adán y Eva pecaron y entregaron, a Satanás, el señorío que Dios le había dado, los tiempos, o sea, cada etapa de la historia humana,  han sido “peligrosos”, debido a la acción del diablo (el “dios” de este siglo o época) y sus agentes demoníacos y humanos. Pero muy particularmente la Biblia enseña que los tiempos cercanos a la Segunda Venida de Cristo serán sumamente peligrosos, salvajes, duros, fieros, dañinos, difíciles.

 

2 Timoteo 3:2-5: También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos (gr. tiempos salvajes, difíciles, dolorosos, fieros, dañinos). 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros (amantes de la plata), vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; A ESTOS EVITA.

 

Lea también Mateo 24: 4-13. 
 

 

2.1. Intrascendencia: se ha producido una pérdida de la fe en los valores morales y en los ideales religiosos, filosóficos y científicos de épocas pasadas.

 

2.2. Ultraindividualismo, pragmatismo y narcisismo: se busca mayormente la satisfacción de los intereses personales (ultraindividualismo). Para obtener lo que se quiere y necesita, se recurre a cualquier medio (pragmatismo: el fin justifica los medios). Esto trae como consecuencia:

·         Competencia desleal (ver a los demás como competidores a los que se les debe ganar de cualquier manera).

·         Cultura del zapping: del mismo modo que se pasa de un canal a otro, haciendo “zapping”, las personas cambian de ideologías, de preferencias, de gustos, de religión, de iglesia, etc., rápidamente. No se guarda lealtad a nada ni a nadie.

·         Relaciones superficiales y pasajeras entre las personas;

·         Soledad y aislamiento afectivo.

Por otro lado, hay un culto desmedido al cuerpo, que se traduce en dietas, ejercicios físicos, cirugías, etc. El cuerpo es objeto de atención especial, no tanto por la salud en sí, o porque es el “templo del Espíritu”, sino porque es el medio para obtener goces y placeres y, por lo tanto, hay que cuidarlo para que su “rendimiento” sea mayor.

 

2.3. Relativismo, permisividad y libertinaje:

 

·         Relativismo: no hay una verdad absoluta, no existen principios ni valores morales sólidos en los que basar la vida. Cada cual tiene “su” verdad. Nada es bueno o malo en sí mismo. Todo depende de la situación o circunstancia (Ética situacional).

·         Permisividad: todo se permite; nada está prohibido. Lemas: “Prohibido prohibir”; “Just do it”, etc.

·         Libertinaje: Es la consecuencia del relativismo y la permisividad. No hay principios que regulen la vida moral de las personas, así que se puede mentir, robar, adulterar, fornicar, etc., porque nada de eso es malo en sí mismo.

 

2.4. Rebeldía y crisis de autoridad. Existe una verdadera crisis de autoridad que va desde el hogar hasta el gobierno, pasando por la escuela, y afectando muchas veces a la propia Iglesia. Algunas de las causas son: la pérdida de principios y valores morales, de fe en ideales, en instituciones y en líderes; el relativismo ético; y el autoritarismo o abuso de autoridad, han hecho que la rebeldía llegue a su máxima expresión. Existe una verdadera crisis de autoridad en todos los niveles: desde el hogar hasta el gobierno.

 

2.5. Presentismo, hedonismo y consumismo. A la gente no le interesa el pasado, ni pretende sacar lecciones valiosas de los errores cometidos antes. Tampoco les interesa mucho el futuro, ya que desconocen qué pasará de verdad y carecen de un programa de vida para el mismo, debido a la falta de ideales. Esto hace que se trate de vivir el momento. La frase favorita es “Carpe diem”: “Goza el día”. Es la filosofía del “Comamos y bebamos que mañana moriremos” (ver: 1 Corintios 15:32). Lo que rige es el principio del placer (hedonismo): “hago solo lo que me gusta y me produce placer”. Todo esto lleva al consumismo: el consumo desmedido de bienes y servicios que traigan placer, más allá de que sean necesarios o provechosos. El crédito permite tener ya, ahora mismo, todo lo que se desea. Una versión de estos principios han entrado en la Iglesia a través de la Teología de la Prosperidad, que es una distorsión de principios bíblicos bien establecidos.

 

2.6. Ley del menor esfuerzo, mediocridad. Lemas como “Baje 20 libras sin esfuerzo”, “Compre hoy, pague mañana”, etc., reflejan el espíritu de una época que impulsa a satisfacer los deseos y necesidades con el mínimo de esfuerzo. La falta de esfuerzo personal lleva al abandono y a la mediocridad en las cosas que se hacen. Se observa en los alumnos que no se incentivan a estudiar y prepararse para un futuro mejor, o en los trabajadores que solo buscan cumplir un horario de trabajo para obtener su salario, o en los creyentes que dicen: “Total, es para Dios”, etc.

 

3. Una postura firme y valiente.

 

Frente a:

Los cristianos debemos:

La intrascendencia y el relativismo.

1. Conocer profunda y experimentalmente cuáles son los principios cristianos en los que se basa la vida cristiana. (2 Pedro 3:17,18; 1 Timoteo 3:14,15; Judas 20).

2. Defender la fe cristiana con palabras y con hechos. (Judas 3, 4).

Ultraindividualismo, el pragmatismo y el narcisismo.

1. Mostrar la fe y el amor a través de acciones concretas y desinteresadas. (Santiago 1:26,27; 2:14-22; 1 Juan 2:9-11).

2. Tener un concepto bíblico de lo que es el cuerpo, como templo del Espíritu Santo.

La permisividad, el libertinaje y la rebeldía.

1. Conocer y practicar los principios éticos contenidos en la Palabra de Dios.

2. Aprender y practicar las regulaciones que rigen a las relaciones entre los líderes establecidos por Dios y los creyentes en general.

Presentismo, hedonismo, consumismo.

1. Colosenses 3:1-11.

2. Filipenses 4:6-7,

Ley del menor esfuerzo, mediocridad.

1. Colosenses 3:17.

2. 1 Corintios 16:14.

 

 

Llanes, Alba. Ministerio Luz y Verdad, 2003. (Rancho Cucamonga, California: EDICI, 2007).

 

 

 

 
 
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